Los desbordamientos de los años 80 en Santa Cruz de Bezana
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Durante la década de 1980, el municipio de Santa Cruz de Bezana vivió varios episodios de desbordamiento e inundación que quedaron en la memoria de sus vecinos. Aunque no existen registros meteorológicos propios de la zona de aquella época —la estación de MeteoBezana es un proyecto mucho más reciente—, sí se conservan testimonios locales sobre lo ocurrido, que recogemos en esta entrada.
El desbordamiento del río Otero, en Bezana #
Uno de los episodios más recordados de aquella época fue el desbordamiento del río Otero a su paso por Bezana.
Como ocurre con muchos cursos de agua pequeños de la cornisa cantábrica, el Otero es un río de régimen torrencial: su caudal responde de forma muy rápida a episodios de lluvia intensa. En los años 80 —antes de las obras de encauzamiento y de la urbanización más reciente de la zona— su capacidad para absorber crecidas repentinas era considerablemente menor que la actual.
Cuando las precipitaciones se concentraban en pocas horas, el cauce no daba abasto y el agua se salía de su curso natural, afectando a las zonas más bajas y próximas al río.
Acumulación de agua en Mompía #
En Mompía el problema no vino tanto de un río concreto desbordándose, sino de la acumulación de agua de lluvia en las zonas más llanas del pueblo.
Esto es típico de terrenos con poca pendiente y drenaje deficiente: el agua, en lugar de evacuarse con rapidez hacia un cauce, se estanca en superficie, generando balsas e inundaciones localizadas que podían mantenerse durante horas o incluso días tras el episodio de lluvia.
Este tipo de inundación —por acumulación, no por desbordamiento de cauce— suele ser menos espectacular que una riada, pero no menos molesta: afecta a fincas, bajos de viviendas y viales. Es un patrón que sigue siendo relevante hoy en día en la gestión del drenaje urbano de la zona.
Por qué el municipio es especialmente vulnerable #
Más allá de estos dos episodios concretos, la propia geomorfología de la cuenca de Santa Cruz de Bezana explica por qué el municipio ha sido, históricamente, propenso a este tipo de problemas:
- Terreno de llano litoral con suaves pendientes. El propio carácter costero y llano del municipio, que lo hace tan atractivo como zona residencial, es también lo que dificulta la evacuación rápida del agua de lluvia hacia el mar.
- Cuencas pequeñas y de respuesta rápida. Ríos y arroyos como el Otero tienen cuencas de escaso tamaño, lo que significa que responden muy deprisa a la lluvia: el caudal puede pasar de mínimo a máximo en pocas horas, dejando poco margen de reacción.
- Suelos con drenaje limitado en las zonas más llanas, como ocurre en Mompía, que favorecen la acumulación superficial de agua frente a su infiltración o evacuación.
Estas características no han desaparecido. Lo que sí ha cambiado es la capacidad de respuesta: obras de encauzamiento, mejoras en el drenaje urbano y una mayor conciencia del riesgo reducen (aunque no eliminan) la probabilidad de daños similares a los de los años 80.
El contexto climático de la década: las riadas de 1983 #
No es casualidad que los años 80 se recuerden por este tipo de episodios. El final de agosto de 1983 fue, de hecho, uno de los momentos más dramáticos en la historia meteorológica reciente del norte de España.
Una riada catastrófica azotó Cantabria, País Vasco, Navarra y Asturias entre el 25 y el 27 de agosto de aquel año, con más de 40 víctimas mortales en el conjunto de la región. En Cantabria, el episodio mejor documentado de aquellos días es el de Renedo de Piélagos, municipio vecino de Santa Cruz de Bezana, donde el arroyo Carrimont se desbordó de forma repentina, incomunicando la localidad y provocando daños materiales muy severos.
Aunque los testimonios locales no siempre permiten vincular con precisión los desbordamientos de Bezana y Mompía a ese mismo episodio concreto, el contexto general de aquella década —precipitaciones intensas, cuencas aún poco intervenidas y una urbanización creciente— explica por qué estos sucesos quedaron tan grabados en la memoria colectiva.
Lecciones para el presente #
Los episodios de los años 80 sirven como recordatorio de que la costa cantábrica, pese a su clima habitualmente suave, no está exenta de riesgo hidrológico. Las crecidas de respuesta rápida y las inundaciones por acumulación siguen siendo posibles, especialmente en situaciones de lluvia intensa y persistente asociadas a frentes atlánticos o a eventos de carácter más local.
La mejora de las infraestructuras y el conocimiento del riesgo han reducido la vulnerabilidad, pero no la han eliminado. Documentar estos episodios históricos ayuda a mantener viva la memoria del peligro y a contextualizar mejor las mediciones actuales de la estación de Mompía.